Tu nombre

2 Sep

Si te llamaras Elvira
tu vientre sería aún más terso y con más nácar.
Pero tan sólo el nombre de Mercedes
depositado por mis labios en tu cintura
cuajaría la forma de esa espuma indecisa
que recorre tu espalda cuando duermes de bruces.
Respóndeme cuando te diga: Olga,
y verás que en tus pechos un rubor palidece.
El nombre de María te volvería traslúcida.
Guarda silencio si te llamara por tu nombre
que no pronuncio nunca,
porque si entonces respondieses
tus ojos -y los míos- se anegarían en llanto.
Una prueba final;
cuando sonríes
te pienso Irene,
y la sonrisa tuya es más que tu sonrisa:
amanece sin sombras la alegría del mundo.
¿Y si te llamo como tú te llamas…?
Entonces
descubriría una verdad:
en el principio del verbo.
El nácar y la espuma,
la palidez rosada, la transparencia, el llanto la alegría:
todo estaba en ti.
Los nombres que te invento no te crean.
Sólo -a veces son como luz los nombres-
te iluminan.

Angel González

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