Pensé, luego existí

23 Nov

Pensé.

Pensé que todo era cuestionable y que cada pregunta tenía su respuesta, que hablar y escuchar servía de algo. Me cansé de explicarlo todo.

Pensé.

Pensé que cada oportunidad era un intento por hacerlo mejor, y no un permiso para seguir destruyéndolo todo. Me cansé de defenderme.

Pensé.

Pensé que sabría perdonar lo imperdonable, porque todo se supera, porque “quien todo lo quiere, todo lo puede”. Me cansé de querer y no poder.

Pensé.

Pensé que sería más sencillo conjugar mi corazón con mi razón. Me cansé de forzar alianzas.

Pensé.

Pensé, también, que uno era dueño de sus ideas y esclavo de sus palabras. Me cansé de creerme todas esas frases hechas, con tanto significante y tan poco significado.

Pensé.

Pensé que las ilusiones no se negociaban. Pensé que eran gratis. Y me cansé de pagar altos costes por ellas.

Pensé.

Pensé que ser insistente y perseguir lo que creí querer me llenaría. Me cansé de almacenar vacíos.

Pensé y me cansé.

Pensé ser una incansable luchadora que nunca se rendía. Ahora ya no lo pienso, ahora lo sé.

 

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