Ovejas negras

16 May

Resulta reconfortante comprender, al fin, algunas rarezas del ser humano. Existen personas que durante mucho tiempo se han sentido y se sienten diferentes a los demás, sobretodo en el entorno familiar. Éstas no han conseguido seguir la corriente y siempre han sentido cierta necesidad de desviarse del camino estipulado.

Hace poco y gracias a una amiga, descubrí un escrito de Bert Hellinger, filósofo, teólogo y pedagogo alemán, conocido por ser el creador de las constelaciones familiares, una terapia pseudocientífica que postula que los miembros de una familia se influyen recíprocamente en su salud y en su conducta. No puedo, por desconocimiento, juzgar este tipo de terapias a pesar de que he podido leer varias críticas al respecto. Por eso, mi reflexión se ceñirá al texto que copio más abajo y a mi experiencia como miembro de un grupo familiar.

No me resulta, para nada, indiferente estudiar y entender las influencias de las relaciones familiares. De hecho, llevo toda la vida intentando entenderlas.

Este texto relativo a las ovejas negras, en cierta manera, me ha conmovido:

Las llamadas ‘ovejas negras’ de la familia son, en realidad, buscadores natos de caminos de liberación para el árbol genealógico. Aquellos miembros del árbol que no se adaptan a las normas o tradiciones del sistema familiar, aquellos que desde pequeños buscaban constantemente revolucionar las creencias, yendo en contravía de los caminos marcados por las tradiciones familiares, aquellos criticados, juzgados e incluso rechazados, esos, por lo general, son los llamados a liberar el árbol de historias repetitivas que frustran a generaciones enteras. Las ‘ovejas negras’, las que no se adaptan, las que gritan rebeldía, reparan, desintoxican y crean una nueva y florecida rama… Incontables deseos reprimidos, sueños no realizados, talentos frustrados de nuestros ancestros se manifiestan en su rebeldía buscando realizarse. El árbol genealógico, por inercia, querrá seguir manteniendo el curso castrador y tóxico de su tronco, lo cual hace de su tarea una labor difícil y conflictiva… Que nadie te haga dudar, cuida tu ‘rareza’ como la flor más preciada de tu árbol. Eres el sueño realizado de todos tus ancestros.

Parece que en cada grupo social o familiar existe una persona encargada de mantener el rol de oveja negra. Esta persona es la culpable de cuestionarlo todo casi todo. Es la que no mantiene las tradiciones porque sí, las mantiene mientras tengan sentido. Es la que no sonríe si no le hace gracia lo que se está comentando y la que no opina si no tiene nada que decir aportar. Es esa persona que si no está conforme con alguna cosa, lo manifiesta. Es la que no disimula su malestar y tampoco su bienestar. En definitiva, es posiblemente la única persona que no finge. Y creedme, eso sale caro.

Posiblemente es la persona que en los buenos momentos se prescinde de ella, mientras que en los malos momentos todos acuden a ella. Es, para mi, la que cubre la función de contenedor, donde los demás se atreven a arrojar lo que no quieren. Y por todo ello, esta persona se revela. Protesta. Se queja y deja de tolerar ciertas actitudes.

Esta reacción incomoda al resto, acostumbrado a fingir que nunca ocurre nada, acostumbrado a ignorar los problemas y seguir viviendo como si no existieran, sin jamás afrontarlos. La oveja negra termina agotada, triste, frustrada e indignada.

Yo diría que no seguir las normas establecidas, no conformarse con un “porque sí” o con un “porque yo lo digo” o con un “porque siempre se ha hecho así” no es malo. Más bien diría que es bueno, sano y necesario para avanzar, evolucionar y crecer.

No todos pueden entenderlo y no todos están dispuestos a poner en peligro de extinción lo que generación tras generación siempre ha sido así. Es más fácil aislar e incluso rechazar al que se lo plantea ya que, en determinados momentos, éste puede llegar a molestar. Al fin y al cabo, estas ovejas son consideradas fuertes y capaces de soportarlo todo casi todo. Y a la vez, cuando conviene, son consideradas viscerales o extremadamente sensibles, y con ese argumento se les acusa de exageradas.

Yo me enamoro cada día de esas ovejas negras que luchan por entender el porqué de las cosas y que se niegan a actuar por inercia, sin pensar, sin medir y sin prever las consecuencias de sus actos. Me enamoro de gestos, detalles y sutilezas que enriquecen mis relaciones y me desenamoro, cada día más, de las personas que carecen de estos.

Qué vivan esas ovejas negras que, al fin y al cabo y para mí, son de colores.

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